viernes, 14 de septiembre de 2012

La poesía tomó el centro


El Noveno Encuentro Internacional de Poesía, organizado por la Dirección de Cultura de la UC, inició en el auditorio del Centro Cultural Eladio Alemán Sucre, de El Carabobeño, con un recital de poetas nacionales e invitados internacionales

@mariediazrom

Reynaldo Pérez Só asegura que la poesía es una mujer. Una mujer celosa, exigente y egoísta, a la que no le gustan ciertos juegos ni –por supuesto- las infidelidades.
Cuando se refiere a esta concepción metafórica del arte poético –un arte que él ha cultivado con profusión y del que se le considera uno de los grandes exponentes en el país- quiso referirse a la entrega que esta forma de expresión arranca en quien la cultiva.
“Es muy raro quien llega a escribir poesía siendo viejo, porque quien es poeta empieza a escribir a los 14, 15 o 16 años”. Y es que Reynaldo Pérez Só conoce a esa mujer desde sus tiernos años, cuando era un estudiante en la  Universidad de Carabobo, institución a la que asegura deberle grandes cosas de su vida. En aquel entonces, durante la década del 70, Pérez Só vivía en Tocuyito, y asegura que el ambiente bucólico de aquel poblado, iluminado por la naturaleza y la presencia de los animales se encuentra presente en su quehacer poético. “Vaca/ te toco los cuernos/ tus ojos/ no saben/ mirar más acá del establo./ nada es más grande/ cuando levantas/ testaruda la trompa….”.
Ahora, en 2011, cuando la revista “Poesía” (fundada y editada por el departamento de Literatura de la UC) cumple 40 años de creada –habiendo sido él uno de losm pioneros junto a Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros y Teófilo Tortolero, entre otros-, Valencia será otra vez sede del noveno Encuentro Internacional de Poesía Universidad de Carabobo, organizado por la Dirección de Cultura de esa casa de estudios, que en esta ocasión le rinde un merecido homenaje al autor de “Para morirnos de otro sueño”, “Tanmatra” y “Nuevos Poemas”. También serán homenajeados los poetas Nathaly Handal, de Palestina y Zolani Mikiva de Suráfrica.
El Centro Cultural Eladio Alemán Sucre de El Carabobeño es una de las instituciones aliadas de este noveno encuentro, y para dar inicio a esta fiesta de la palabra se presentará en el auditorio, a las 7:00 pm, la gala inaugural. Esa será ocasión para que otro gran poeta venezolano, Ramón Palomares, ofrezca unas palabras celebratorias por el aniversario de la revista. Luego, se iniciará el recital en el que participarán Reynaldo Pérez Só, junto a los invitados internacionales Eduard Sanahuja, de España, y Handal. Los presentará Lyerka Buonanno.

Caminante no hay camino
La revista “Poesía”, con cuatro décadas trajinadas y 152 ediciones ininterrumpidas, ha sido la plataforma que de alguna manera posibilitó la creación y consecución del encuentro internacional de poesía. Según sus organizadores, Víctor Manuel Pinto y Carlos Osorio, es el único en el país que ha mantenido su continuidad.
Voces de poetas de diversas nacionalidades, e igualmente venezolanos, que han visto publicados sus trabajos en la revista se han motivado en venir a Venezuela, específicamente al encuentro valenciano, para recitar sus versos. Y es que “Poesía” se ha mantenido como un bastión de calidad en medio del país azotado por la crisis y la merma de espacios culturales.
Reynaldo Pérez Só recuerda los inicios de la revista, cuando él formó parte de la Dirección de Cultura y se encargaba del departamento de Publicaciones. “Este tipo de eventos lo inauguró Adhely Rivero. Esto (el encuentro de poesía) se hizo primero en Carabobo que en Caracas, en Mérida se hicieron algunos encuentros pero no eran internacionales”.
Empezaron trayendo al país escritores y críticos, bajo la gestión de Eugenio Montejo y Teófilo Tortolero. Aseguró que el criterio que imperaba al momento de seleccionar los visitantes era su calidad poética. “Ellos no sólo venían sino que también hicieron escuela aquí”. Entonces, tuvieron invitados internacionales de Ecuador, Perú, Chile, de América Latina en general… Ante la interrogante de si aún existían lectores de poesía, Pérez Só no dudó en decir que sí, porque considera que todo lector vuelve a la poesía. Dijo que se calcula que en el mundo sólo 10% de la población se acerca a esta expresión literaria. “Los adolescentes leen mucha poesía y después la abandonan para retomarla en edades más avanzadas. Todo lector termina tarde o temprano leyendo poesía”. Así que la vuelta a los orígenes será este próximo martes en el auditorio del Cceas, a las 7:00 pm, con la inauguración del NovenoEncuentro Internacional de Poesía de la UC.

INVITADOS
INTERNACIONALES
AL IX ENCUENTRO
Un total de 34 poetas han sido invitados al Noveno Encuentro Internacional de Poesía. Los visitantes internacionales son Alessio Brandolini (Italia), Pedro Enríquez (España), Beatriz Campos (España), Norma Feliz Peralta (República Dominicana), Alex Fleites (Cuba), Eduardo Llanos Melussa (Chile), Santiago Espinosa (Colombia), Arjen Duinker (Holanda), Nathaly Handal (Palestina), Zolani Mkiva (Suráfrica), Kiwao Nomura (Japón) y Eduard Sanahuja(España).                      
PROGRAMACION
El miércoles 8, a las 7:00 pm, en el auditorio del Cceas, se ofrecerá un recital con varios invitados internacionales y nacionales. Los criollos serán Ramón Palomares y Alejandro Oliveros. Continua el jueves 8, a la misma hora, con un recital a cargo de Carlos Ochoa, Ricardo Zerpa Salazar y Héctor Espinoza, entre otros. Culmina el viernes 9, a las 7:00 pm, en el auditorio. Además del recital, tocará la banda UC Jazz.
MUCHO MAS PARA

DESCUBRIR
LA PALABRA POETICA
Otros recitales y conversatorios con los creadores nacionales e invitados tendrán lugar en diversos espacios. Algunos de ellos serán, el miércoles 8 a las 10 am, el auditorio de FACE y Unellez San Carlos, donde habrá recital.  Ese día a las 3:00 pm, se reunirán en el Instituto de Cultura de Mariara y en la Escuela de Bellas Artes Arturo Michelena. El jueves 9 la cita será a las 10 am y a las 3 pm, en auditorio de FACE y en el Metro de Valencia. Y el viernes 10, a las 10 am, en Puerto Cabello. Mayor información: direcciondecultura@uc.edu.ve.
(Publicado en El Carabobeño, junio de 2011).


viernes, 7 de septiembre de 2012

Vivo a plenitud mi presente para tener el futuro que deseo

Con muchísima confianza en sí misma y con arduo esfuerzo, la multifacética modelo y empresaria ha logrado concretar sus metas, que van desde ser portada de Playboy en marzo del año pasado, a lanzar al mercado su calendario, que actualmente promociona en diversas ciudades del país

@mariediazrom
Si hay algo que impresiona en Yohanna Vargas, más que su belleza, es su perseverancia y el compromiso que ha demostrado tener consigo misma. Pareciera que le bastaran el cuerpo de sirena, la cara bonita y la rubia cabellera, pero ella ha luchado por superarse. Sus estudios en Cinematografía, en la Universidad Central de Venezuela, le han dado el conocimiento necesario para desempeñarse como directora creativa, fotógrafa, productora de eventos, asistente de dirección en comerciales y preproductora de cine.
La incursión de Yohanna Vargas, que nació en Caracas donde vive y trabaja, en el fashion world comenzó a los tres años de edad, cuando fue modelo de trajes de baño. Prácticamente, desde entonces, Vargas no ha parado y gracias a sus atributos naturales ha sido actriz; animadora; modelo de trajes de baño y ropa interior; imagen de empresas de telecomunicaciones, de gimnasios; portada de revistas nacionales e internacionales; además de deportista y, sobre todo, empresaria.
“He aprendido ─aseguró ─ que el talento de una persona no está casado con su belleza física sino con su inteligencia, perspicacia, personalidad; además de constancia, dedicación y mucha fe en sí misma, en lo que se quiere y en lo que se hace. En cada uno de estos aspectos trabajo todos los días de mi vida y los alimento para fortalecer mis talentos y reconocer los que aún están escondidos”.
Ha sido sin duda su visión empresarial y las ganas de crecer y de proyectarse las razones que la llevaron a producir su calendario en 2012. Este proyecto ─contó Vargas─ no estaba entre sus planes. Pero la muchacha supo ver más allá de las lisonjas y encontró que, efectivamente, aquellas adulancias sobre su magnífico cuerpo estampado en las páginas de un calendario podían ser una realidad. “Fue un empujón de la gente que me rodeaba cuando me preguntaban: ‘¿Y cuándo sacarás tu calendario?’. Hasta que me dije: ‘Ok, Yohanna, hay que hacer un calendario”. Hacerlo implicó para la joven tres meses de arduo trabajo, que arrancaron cuando definió el concepto. “Necesitaba 13 fotos que significaran algo y se me ocurrió ‘Sumergida en tus pensamientos’: cada mes estoy sumergida en elementos diferentes que se pueden sentir, oler y degustar”. La fotografía estuvo a cargo de la Academia Chaplin y Eduardo Álvarez, la locación fue en el Hotel Aladdin, el diseño e impresión estuvo en manos de Promáxima y el maquillaje fue de Yoheidi Robaina.
Otro gran proyecto de Yohanna Vargas se dio en 2011, cuando fue portada de la revista Playboy del mes de marzo. Ser fotografiada con poca ropa, de forma sugerente y erótica, no significó colocarse la etiqueta de bomba sexy. “Hice la portada de Playboy como una meta más, bajo mi idea y concepto de producción. Hice mi calendario como otro proyecto más de vida”, afirmó.  Ambas tareas han formado parte de su crecimiento personal y profesional: “Tengo mucho talento y muchísimas ganas de hacer mil cosas como para encasillarme”.
Etiquetarse es lo último que le pasaría a una chica como ésta, que piensa que la la vida es una contínua evolución, de allí que no pueda asegurar que hará un calendario en 2013. “Me están pasando muchísimas cosas maravillosas y tengo muchas propuestas. Por los momentos, quiero terminar la promoción del almanaque 2012, continuar en mi línea de ropa y seguir avanzando pasito a pasito y viviendo a plenitud mi presente, para hacer y tener el futuro que deseo”.

Filantropia después de todo
Yohanna Vargas lanzará al mercado próximamente su línea de ropa, que  define como fresca, femenina, elegante y casual. Asimismo, durante este año estará promocionando el calendario en diversas ciudades venezolanas para luego llevarlo a México, República Dominicana, Colombia y Panamá, entre otros países. Parte del dinero recaudado será donado a Hogar Bambi y Aldeas de Venezuela.
(Versión para EPALE).

 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Ruccula Gastrobar: distinta y tradicional


Este restaurante ha destacado en la escena gourmet valenciana por su propuesta innovadora. Sin descuidar su vocación por servir lo mejor de la cucina italiana, se incorporó el concepto “gastrobar”, según el cual la barra es el mejor aliado de los fogones para garantizar el máximo disfrute del comensal

Ruccula Gastrobar seduce por el paladar y por la sensación de bienestar que causa en sus comensales. El restaurante se encuentra situado en la planta baja posterior del centro comercial Chiriyakén, que lo mantiene alejado de la intensa actividad de la avenida Feo La Cruz, de Naguanagua, en Valencia, y de la molestia que pudieran causar los vehículos.Al llegar, la bienvenida la ofrece una terraza dividida en dos partes. Primero se encuentra  una especie de antesala con diversos muebles de estilo lounge, algunos en rattan marrón oscuro con cojines tapizados en blanco; otros son pequeñas poltronas de estilo con tapicería de tela verde, que permiten una agradable espera mientras alguna mesa se desocupa. Gabriela González, gerente general de Ruccula Gastrobar, afirma que en este comedor lo menos que desean es tener gente parada que espere, por ello recomiendan la reservación. Pero si se da el caso de tener que esperar, pues, la antesala funciona perfectamente para ello. Aquí es posible ordenar algún cóctel de la extensa carta de Ruccula Gastrobar, o probar alguna entrada.
La diferencia que plantea Ruccula es que al ser “gastrobar” ofrece la oportunidad de degustar no sólo su carta italiana, salpicada de sabores mediterráneos que recuerdan los fogones de la nonna, sino también permite probar la diversidad de cocteles de su bar, en el que destaca el Mojito Ruccula, por ejemplo. En este sentido se impone la creatividad, y el visitante podrá solicitar algún capricho al bartender o éste le ofrecerá alguno especialmente creado para Ruccula Gastrobar.
En Ruccula predominan los colores que de alguna forma se emparentan con la naturaleza: eso se percibe en la tapicería del mobiliario de la entrada que a la vez invoca el estilo relajado y cosmopolita del ambiente lounge. Los muebles de la antesala están acompañados por mesas de nivel bajo con topes de fórmica azebrada marrón y negro, y velas encendidas en el centro, que le dan un toque de intimidad. Si la idea es almorzar o cenar en la terraza, el ambiente distendido se refuerza con la vegetación que la flanquea, sin llegar a ser un restaurante al aire libre. Al mantener un servicio impecable, copas de vino y cubiertería de metal en la mesa, enseguida se denota su estilo urbano y elegante. La zona de la terraza está protegida por toldos multiformes, que según Gabriela González se añadieron recientemente cuando verificaron que el sol tropical de Carabobo exigía este resguardo. Al fondo de la terraza se sitúa una pequeña tarima, de un escalón, que funciona como zona aparte para eventos. Quienes lo deseen pueden organizar aquí comidas de trabajo, reuniones corporativas o familiares. La zona además puede ser medianamente aislada con la colocación de parabanes y ficus, que aportan un sello decorativo.
González añadió que en otros casos esta zona es ideal para presentar alguna banda en vivo o realizar algún espectáculo. Si bien la vocación de Ruccula Gastrobar es mantenerse como restaurante, no descartan la posibilidad de consentir a sus fieles visitantes con alguna celebración, al estilo de un desfile de moda o la presentación de algún DJ (Titina Penzini estuvo mezclando en el restaurante en julio de este año) que acompañe la velada. González señala que en Ruccula son celosos en conservar la misión primordial de sentar en sus mesas a los amantes de la comida italiana. Una vez en el interior del restaurante, la tradición prevalece. A pesar del protagonismo de la barra, ubicada al fondo del local pero que sobresale por el reflejo del espejo-pared y por la iluminación de un conjunto de lámparas aglobadas de luz fría, el restaurante acoge a no más de 80 comensales. Las mesas internas exhiben el tope azebrado de las mesas de terraza, el asiento de las sillas está hecho en cuero blanco y algunas paredes están revestidas de madera oscura con lunares metalizados. El toque alegre lo dejan sendas lámparas de techo, cuyas pantallas circulares están revestidas de tela de flores en colores blanco, fucsia y verde: un detalle que destaca en el comedor y que como la ruccula tiene un sabor inolvidable.

Señas
Materiales: madera oscura, cuero blanco, cojines tapizados en verde y blanco, formica azebrada.
Iluminación: juego de lámparas circulares en tela de tapicería.

Coordenadas
Ruccula Gastrobar

Centro Comercial Chiriyakén - Avenida Feo La Cruz, Naguanagua- Valencia - Venezuela
(Publicado en El Nacional, en septiembre de 2012).

martes, 4 de septiembre de 2012

Comodidad y alto lujo se respira en Aria

Serenidad sin invasiones es parte de las satisfacciones que promete el restaurante de gastronomía italiana. Una cava con más de 300 vinos, una cocina en la que predominan los productos frescos y de alta calidad, se conjugan en un local donde los detalles invitan a un deleite vital e imperceptible como el aire

@mariediazrom
Foto de Angel Rodríguez 

En la urbanización El Viñedo de Valencia, estado Carabobo, se encuentra ubicado Aria Ristorante. La sobriedad y el minimalismo que distinguen al lugar se puede apreciar desde su fachada. Un paredón blanco que se está recubriendo de follaje resguarda al local, que propicia el disfrute de la cocina italiana creativa e innovadora, en un ambiente de cosmopolita intimidad.

El nombre y logotipo del restaurante, Aria, se muestra en la fachada construida por paneles de acero en los que se distinguen diversos orificios de tamaños desiguales. De acuerdo con Desiree Fragata, arquitecto y diseñadora de interiores del restaurante, así quisieron representar el aire (aria en italiano): “Un elemento natural, necesario, limpio, transparente y sincero como nuestra cocina”, expresó.

Si se traspasa la puerta de vidrio, en el hall da la bienvenida un pequeño muro vegetal colocado sobre un panel en el que destaca el nombre Aria. Se trata de uno de los dos puntos verdes del restaurante, ya que el otro está ubicado debajo de la fachada. A un lado de la entrada se ubica un espacio de compartir con sofás de dos puestos, cojines en blanco y madera oscura. Las mesas están elaboradas en madera tipo zebra, tal como explicó Fragata. Una pared destaca en el conjunto. Sobre ella cuelga un conjunto de cuadros pequeños, de marcos abarrocados dispuestos en desorden. Se trata de un detalle que revela la personalidad de Aria. Si bien el restaurante cuenta con la experiencia de uno de sus dueños, Renato Fragata, Daniel y Desiree Fragata lo acompañan en esta iniciativa que casi arriba al año de existencia en la capital carabobeña. Ellos se encargaron de nutrir el concepto del local con una chispa juvenil e ideas innovadoras. “Esta es una pared con fotos de cosas que Daniel y yo vivimos y forman parte de nosotros. Hay fotos de amigos, de Venecia, de paisajes; hay un poco de todo; de lo que significa para nosotros vivir lo bueno de la vida”, explicó la arquitecta.
Un lugar también para la gente joven. Si bien Fragata debió idear el diseño interior sin perder de vista que el restaurante está concebido para un adulto contemporáneo de 35 a 60 años, ella no quiso abdicar de su gusto por lo innovador. Así, entre el área de caja y la barra de despacho de licores se ubica una zona de mesas y sillas altas estilo bar. Aquí destacan dos lámparas estilo Arquitof, que dan un toque explosivo y vanguardista. Explicó la diseñador que éste es punto utilizado por mucha gente joven para tomar un vino y picar algo antes de comer, e inclusive para hacer minireuniones. En la barra destacan dos flores en jarrones transparentes como únicos puntos de color. 
En las áreas de los comedores predomina el blanco porque, tal como explicó la arquitecta, otorga serenidad. También van en ese tono las paredes, en las que no hay cuadros. Las sillas son tipo butaca y las mesas fueron elaboradas de tal forma que los soportes no molestan al comensal que está sentado.
La razón de Aria es la de ser un restaurante de alto lujo, en el que se puede disfrutar de una cocina que utiliza ingredientes milenarios como el aceite de oliva, el tomate, el cordero, el pescado, los frutos secos, la albahaca, los cítricos, entre otros, y que identifican regiones del sur de Italia. Además su ambiente cosmopolita conjuga la serenidad necesaria para vivir en buena compañía la experiencia gastronómica. Aquí los detalles ni invaden ni compiten entre sí, porque según la arquitecta cada área tiene su personalidad.
En el primer comedor destaca al fondo una especie de chifonier en madera, con una lámpara en la esquina y un espejo, lo que da un toque de calidez de hogar. En el segundo comedor se encuentra al fondo la cava, que debe estar permanentemente entre 17° y 20° centígrados. Son tres paredes desde el techo hasta casi la mitad de la pared con anaqueles blancos donde almacenan las botellas de vino. Predomina la luz tenue y blanca. En el centro está una mesa con cierta altura en madera color miel que rememora la barrica de añejamiento. Sobre ella se asientan jarras de decantación y copas de cristal para que el comensal deguste el vino de su elección. Destacan caldos del sur de Italia, la gama de los Chianty, los Valpolicella, los Bardolino, los del Veneto y los Brunello de Montalcino.
Un área con un acento especial es el pasillo que separa los dos comedores y conduce a los baños. Para ambientarlo se elaboraron artesanalmente una serie de cubos en tela de tapicería, algunos a rayas y otros monocromáticos, en diversos tamaños, y se colocaron en hilera. Este espacio le da un toque de diseño al local. Utilizan bombillos ahorradores, lo que da como resultado un pasillo coquetísimo cuyos cubos iluminan tenuemente y otorgan una atmósfera cálida y sofisticada. “Toda la idea de Aria es brindar una experiencia de suma comodidad en un ambiente de alto lujo”, sentenció Fragata.


Área: 300 mt2
Materiales: cuero blanco, madera azebrada, acero.
Iluminación: juego de cubos ahorrativos en tela de tapicería, 1x1 mt2. Lámparas Arquitof.
Horario: martes a sábado, de 12:00 m a 3:30 pm; y de 7:30 pm a 11:30 pm. Domingos: 12:00 m a 4:30 pm.

Coordenadas
Aria Ristorante
Calle 141. Local 1. Urb. El Viñedo
Valencia - Venezuela
Teléfono: 0241 – 825 3282

(Publicado en El Nacional, en febrero de 2012)

 

jueves, 29 de marzo de 2012

En Güigüe se erige la única abadía benedictina del país

La Abadía Benedictina de San José cumplió, en septiembre de 2011, 22 años cultivando los preceptos de una tradición religiosa que tiene más de 1.500 años

Mariela Díaz Romero

En abril de 1923 llegaron a Venezuela desde la región de Baviera, al sur de Alemania, el primer grupo de padres y hermanos benedictinos de la congregación de Santa Otilia, procedentes de la archiabadía del mismo nombre para atender el llamado del padre Santiago Machado, que ya en esos años había notado en Caracas la proliferación de niños de la calle. Guiados por el ideal misionero que se resume en el lema “Por dentro monje, por fuera apóstol”, los religiosos desde aquel momento se instalaron en la zona de San José del Avila, en la capital venezolana, para iniciar una labor social y educativa que se prolongó en esa zona por más de cuatro décadas. Allí, al pie del monte Avila, aledaña a la avenida Baralt, los monjes construyeron poco a poco su primera iglesia y se encargaron de la escuela donde además de la educación formal dieron a los niños formación cristiana y les enseñaron oficios.

Antes de esto, ya existía una edificación que había levantado el padre Machado y allí con la ayuda de los benedictinos, su empuje y dedicación, se hizo una segunda planta y se amplío el colegio. Luego se completó con una cancha deportiva y una piscina. Los religiosos instauraron también, con ayuda de otras instituciones como la iglesia alemana, pequeñas escuelas a las que iban los hijos de muchas mujeres que habitaban por la zona y que no tenían a quien confiar a sus hijos mientras ellas trabajaban. En estas escuelitas ─según el Hermano Jesús María─ los niños eran atendidos por muchachos y muchachas de la parroquia que, además de cuidarlos, les enseñaban las primeras letras, y recibían las primeras nociones de vida cristiana.

“Con el boom del petróleo, en la década de los 40. 50, 60 y 70, y con la construcción de nuevas calles y avenidas, Caracas dejó de ser el ambiente propicio para una abadía porque en líneas generales nuestra tradición es establecernos fuera de las poblaciones”, explicó el religioso. Luego de conversar con el Cardenal José Alí Lebrún para transferir las responsabilidades de la escuela de San José del Avila a la Arquidiócesis de Caracas, los monjes de la Orden de San Benito de Nursia decidieron partir y buscar un lugar que fuese mucho más apropiado para “vivir con mayor fidelidad los valores y las exigencias de la vida benedictina”. Así empezó la búsqueda de ese lugar especial. “Vimos 28 lugares y Guigue fue el número 29”, dijo el benedictino. Luego de tres años y medio, la Abadía estuvo concluida y los monjes pudieron trasladarse. El 22 de septiembre de 1990 se realizó la bendición y consagración de la abadía, “comenzando para los hermanos otilienses una nueva etapa de su presencia en Venezuela”.

Vida monacal

La sentencia latina “Ora et labora” (Reza y trabaja) resume los principios de la vida que estos religiosos llevan en el monasterio. A diferencia de otras órdenes religiosas, para los benedictinos es muy importante vivir en la abadía los cinco principios que rigen su razón de ser: vida de comunidad; soledad y silencio; oración y “lectio divina” (oración personal); trabajo y compromiso de estabilidad, conversión y obediencia
No obstante, el hermano Jesús María advierte que “ellos no son ángeles que van volando y no comen”. Al contrario, cuando estaban buscando el lugar idóneo para trasladarse tenían la exigencia de dar con un sitio tranquilo y apartado pero bien comunicado. Los monjes que se levantan de lunes a domingo, a las 5:00 am, realizan cada día una rutina invariable que inicia a las 5:30 am con los maitines (oficio de lectura), continua con una oración personal, sigue el desayuno a las 7:00 am. De lunes a sábado se inician las actividades a las 8:00 am, mientras que el domingo comulgan a las 10 am. Al mediodía realizan una oración, almuerzan a las 12:15 pm, y de lunes a sábado el trabajo se retoma a las 2:00 pm. Asimismo, se comulga a las 6:00 pm, y a las 6:45 se hacen las vísperas u oración de la tarde. El domingo las vísperas es a las 6:00 pm. A las 7:10 pm toman la cena, luego un receso, para culminar el día a las 8:15 pm con la oración de la noche o “completas”. Los huéspedes se adaptan al ritmo de los benedictinos en las horas de comida y de oración. Y también se les pide mantener el ambiente de silencio, sosiego y recogimiento que impera en la abadía. No obstante, esta condición no es nada difícil de cumplir porque todo en este lugar ha sido deliberadamente realizado para que esto se cumpla.

Una abadía, un premio

El camino que lleva a la Abadía Benedictina de Guigue es una larga subida, flanqueada de casas en su mayoría humildes en medio de una vegetación espesa y florida. La llegada al monasterio puede pasar inadvertida, porque tan solo un letrero la anuncia. Nada anuncia su imponente presencia. Pero al traspasar el estacionamiento y caminar hasta el interior del monasterio y de la iglesia abacial, el cambio es notable, porque en medio de aquella naturaleza y bajo el sol inclemente surge esta abadía que luego de su construcción obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura. Jesús Tenreiro Degwitz encabezó el equipo de arquitectura que supo interpretar aquello que los monjes deseaban realizar. Un lugar de paz, sin muchos adornos, de fácil mantenimiento, y que contara con las condiciones necesarias para vivir de acuerdo a sus preceptos. Así, el arquitecto ideó una abadía de corte posmoderno, de líneas simples, de obra limpia, con la grata presencia de la madera y del ladrillo y el uso permanente de la luz natural a través de grandes ventanales. Asimismo se aprovechó la vista que el lugar tiene del lago de Valencialago de Valencia, fácilmente observable desde las celdas de los monjes. La iglesia abacial es relativamente pequeña lo que propicia un ambiente de intimidad. Aquí la naturaleza actúa en total confabulación para lograr la difícil tarea del silencio y el recogimiento, dos situaciones ajenas al ciudadano urbano contemporáneo.

Cómo llegar y cómo informarse


Desde Caracas, se toma la Autopista Regional del Centro. Antes de llegar a Valencia, seguir la vía hacia Guigue-Flor Amarillo, después de Guacara. Antes de llegar al pueblo de Guigue, estar pendiente de un aviso a mano derecha que anuncia una larga subida hacia la Abadía Benedictina.

Para información en general, comunicarse por los teléfonos 0245 + 341 1032 y 341 1816.
Dirección postal: Abadía Benedictina de San José. Apartado: 3662. El Trigal. Valencia 2002A. Estado Carabobo, Venezuela.
Blog: http://siexdeusuntbenedictinosvenezuela.blogspot.com
Facebook: Abadía Benedictina San José
Twitter: @Benedictinovzla
Información vocacional: deumuuaerit@gmail.com (Hermano Leandro Posadas)

Cifras
20 personas son la cantidad de huéspedes que puede albergar el monasterio, que cada año ofrece más de 20 retiros espirituales

99% de los huéspedes según el hermano Jesús María suele regresar a la abadía luego de haber experimentado un fin de semana con los benedictinos

(Publicado en Ultimas Noticias, septiembre de 2011)

miércoles, 19 de octubre de 2011

Vivir en la diversidad

Las enfermedades genéticas muchas veces son producto de alteraciones cromosómicas, que se dan durante la gestación del feto. El diagnóstico genético prenatal puede ayudar a identificar posibles mutaciones

MARIELA DIAZ ROMERO
Cuando se habla de alteraciones cromosómicas se refiere a enfermedades que podrían manifestarse por una anomalía en los cromosomas durante la gestación del feto. Así lo resume la página web madreshoy.com. Agrega: “Si las células germinales —óvulo o espermatozoide— contienen algún error en su información, las mutaciones estarán presentes en todas las células del organismo formadas a partir de la unión de esas gametas. La mutación es, entonces, hereditaria o se transmite de generación en generación”.
Isabel Fernández, médico pediatra y especialista en Genética, formada en Japón, directora de la Unidad de Genética de la Policlínica Metropolitana, de Caracas, Venezuela, explica que si bien las enfermedades genéticas son causadas por alteraciones cromosómicas, estas alteraciones pueden darse bien sea por la estructura o por el número de cromosomas. “Cuando estamos en presencia de un embarazo es recomendable realizar un diagnóstico genético prenatal o citogenética. Para ello se practica la amniocentésis genética, ya sea porque el obstetra está observando algo que le llama la atención o por alguna otra condición de riesgo”.
La amniocentesis genética es el análisis cromosómico del líquido amniótico. De acuerdo con Fernández se trata de una técnica bastante segura y útil, que se ha desarrollado con gran rapidez.
“Con ella se obtiene una muestra del líquido amniótico a través de una aguja de aspiración (que se introduce en el vientre de la mujer embarazada), ya que el líquido amniótico contiene células originadas durante el desarrollo que contienen DNA fetal y permite detectar, en etapas tempranas del embarazo, si existe alguna anomalía cromosómica en el feto”, afirma.
Según Fernández en la gran mayoría de las parejas las anomalías suelen ocurrir sin que necesariamente existan antecedentes en la familia, e incluso a cualquier edad de la mujer, no obstante hay que advertir que muchas veces la edad materna puede ser un factor determinante en la incidencia de niños con síndrome de Down, que se debe a la presencia de un cromosoma 21 extra, lo que cromosómicamente se denomina Trisomía 21.
Otras alteraciones cromosómicas frecuentes son la Trisomía 18, la Trisomía 3 y las alteraciones de los cromosomas sexuales que, según la especialista, son las más frecuentes.

Detectar anomalías tempranamente 
La doctora Isabel Fernández relata que a la Unidad de Genética Médica de la Policlínica Metropolitana llegan casos diversos de enfermedades genéticas.
A su juicio lo más importante es que si los progenitores detectan que existe alguna alteración en el desarrollo neurológico del niño, ellos deben acudir para buscar asesoramiento. “No solamente hablamos de alteraciones cromosómicas, también nos referimos a otros síndromes genéticos que no se van a ver en el cariotipo, sino mediante el examen físico del paciente y los estudios médicos que se realizan a un síndrome particular de un cromosoma específico. Eso se detecta a medida que se va dando el desarrollo neurológico. Es muy importante el seguimiento y el control neurológico, y buscar apoyo”, dice Fernández.
Podría pensarse que el síndrome de Down es una de las alteraciones cromosómicas más frecuentes, pero tal como asevera la especialista se trata de la condición cromosómica “que uno ve caminando por la calle”.
Existen otras alteraciones —explica la pediatra y genetista— que  pueden cursar sin un fenotipo característico que no es perceptible en la calle, es decir no se trata del niño típico de Down al que todos reconocen. “Otras alteraciones cromosómicas pueden presentar retardo del desarrollo psicomotor, o más adelante se ve un retardo mental que pueda tener malformaciones asociadas”.

Aprendiendo a vivir
El síndrome de Down fue identificado, en el siglo pasado, por el médico inglés John Langdon Down, y de allí tomó su nombre. No obstante, fue en 1957 que el médico Jerome Lejeune descubrió que la razón por la que se originaba este síndrome era que los núcleos de las células tenían 47 cromosomas en lugar de los 46 habituales.
La página web down21.org dice que un síndrome implica “la existencia de un conjunto de síntomas que definen o caracterizan a una determinada condición patológica”.
Si bien, el niño afectado por la Trisomía 21 padece un desequilibrio genético, es decir, “un cromosoma está añadiendo más copias de genes al conjunto y eso rompe el equilibrio armónico entre ellos, con consecuencias sobre el funcionamiento de las células y de los órganos”, esto no significa que sus potencialidades de desarrollo no sean como las de cualquier otro niño.
Tal como apunta este site, su desarrollo será más lento pero se podrán aplicar programas de intervención para que sus avances sean notorios.
A pesar de que el síndrome “impone ciertas limitaciones”, el apoyo de un equipo multidisciplinario para ese niño y su familia será el impulso que lo hará desplegar sus posibilidades afectivas e intelectuales.

Qué hacer en caso de alteraciones cromosómicas
Los especialistas de la Unidad de Genética Médica hacen el diagnóstico prenatal o al momento del nacimiento del bebé. Se hace un estudio cromosómico, o cariotipo del niño. Si hay síndrome de Down se establece un plan de trabajo que incluye evaluación cardiovascular, perfil tiroideo, eco cerebral y renal y el ingreso a la estimulación temprana.
De acuerdo a la historia clínica habrá casos en los que se debe realizar el mismo estudio a los padres —ya sean parejas jóvenes o con antecedentes familiares— para descartar que sean portadores de una alteración estructural, que aumente el riesgo de tener un niño con síndrome de Down.
Fernández explica que las alteraciones cromosómicas no son prevenibles: “Se presentan y de acuerdo al tipo de alteración cromosómica se le da a la pareja un cálculo de riesgo de recurrencia para futuros embarazos, pero ese es un riesgo que sólo la pareja puede decidir si asume o no”.

Datos vitales
Dra. Isabel Fernández. Pediatra y genetista
Unidad de Genética Médica. Policlínica Metropolitana, piso 2. Calle A1. Caurimare, Caracas.
Teléfonos: (0212) 908 0100 – 908 0912 – 908 0813 

Asociación Venezolana para el Síndrome de Down
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lunes, 19 de septiembre de 2011

Un ángel dormido bajo el agua


Angel dormido, de Elsa Herrera-Quiñonez Vargas

Miyó Vestrini dijo en una entrevista: “Para mí un ser humano vale en la medida en que está viva su memoria”. Con estas palabras quiero, en primer lugar, saludar el proyecto editorial Biblioteca Biográfica Venezolana, que, bajo la sabia conducción de Simón Alberto Consalvi, adelantan El Nacional y Bancaribe. Vayan nuestro respaldo y nuestro aplauso a esta iniciativa que permite construir la memoria del país, acercarnos y conocernos como entidad real y concreta, explicarnos cómo somos los venezolanos de comienzos del siglo XXI. Y es la incorporación de un nuevo título de esta Biblioteca, ya el volumen 80, dedicado a Miyó Vestrini, escrito por Mariela Díaz, la razón que nos convoca esta noche. Cuando María Cristina Serrano me propuso esta presentación me aterré, y lo hice no solamente por un arraigado “miedo escénico”, sino por sentir que yo no tenía las credenciales para realizar esta presentación. Después entendí que sí era mi privilegio, que no estoy aquí por y para ejercer la crítica literaria o el análisis periodístico o cualquiera de esos recursos académicos, estoy aquí por una enseña que llevo en el alma: ser amiga de Miyó Vestrini.
No voy a hacer juicio sobre el libro, creo que cumple el cometido de ser ameno y fundamentado, partió de una investigación de personalidad realizada en el taller “Periodismo y Memoria“, facilitado por Milagros Socorro en 2006. Creo que Mariela Díaz recurrió a las fuentes correctas y desarrolló su trabajo en una estructura que facilitó la integración de conceptos y testimonios. Pero a mí —y debo reconocer mi subjetividad— la lectura de este libro me conmovió hasta el llanto: reviví tantos y tan profundos encuentros, tantas y tan enriquecedoras vivencias y experiencias compartidas.
En el largo devenir de los estudios literarios, en las opiniones de los críticos, de los investigadores y de los propios escritores hay una interrogante permanente: ¿el autor hace autobiografía cuando crea sus personajes? Yo voy a utilizar un criterio de Salvador Garmendia: “Es posible entrever la faz del escritor a través de lo que escribe, pero será solamente un reflejo y un reflejo que a veces es imaginario o inventado”, y me voy a aferrar a ese criterio para asegurar que la compleja personalidad de Miyó Vestrini desborda la imagen de una mujer menopausica, dejada de los hombres, deprimida, atormentada y sola, que pasea por muchas de las líneas de sus escritos, y que en ocasiones lectores —académicos o no— identifican al calco con la autora. Ella era de las personas más simpática, ocurrente, risa fácil y hasta alegre que uno pudiera tropezar. Aseguraba que su timidez sólo le permitía expresarlo en los círculos más íntimos. Esa condición unida a su extremada inteligencia y a su agudosísima percepción hacían de Miyó una verdadera y ansiada compañera. También esa inteligencia y esa percepción la llevaron a reconocer los puntos más débiles, el “talón de Aquiles” de cada uno de quienes la rodeamos. Era lo que nos señalaba en enfrentamientos como certeras puñaladas al corazón.
Salvador Garmendia escribió una entrevista imaginaria a Miyó, seis años después de su muerte, y entre las frases que le endilga hay una que la define muy bien: “Creo en sesenta mil cosas, no hice más que creer toda mi vida”. Les aseguro que era una militante de sus creencias, podía apostar la vida por ellas. Era una creyente y era una entusiasta. Es difícil conocer a alguien que haya producido tantas ideas, tantos proyectos, tantas iniciativas. Puso pasión en su trabajo, lo hizo con responsabilidad, tenía ese sentido del deber típico de las egresadas de colegios de monjas. Claro, en paralelo, nunca estuvo satisfecha con sus logros, se exigió al infinito.
Vivimos pasillo de por medio por casi tres años. Mis hijos, preadolescentes para la época, formaban con otra docena de vecinitos una pandilla de esas que suelen atormentar nuestros condominios. Los niños del edificio Jardines de Sebucán no querían a los adultos, de ellos sólo recibían “no pasen, no pisen, no monten, no jueguen”. Sólo tenían una cómplice adulta y esa era Miyó. Mi hija Altagracia, su ahijada, afirmaba que era la persona más dulce del mundo y la única que la comprendía.
En el libro narrativo de Miyó, Órdenes al corazón —según Silda Cordoliani, su prologuista, no constituye un conjunto de cuentos sino un sólo relato fragmentado—, hay una exigencia, un reclamo: a Miyó tenemos que darle gracias, inmensas gracias por Las historias de Giovanna, El invierno próximo, Pocas virtudes, Valiente Ciudadano, por el ya mencionado Órdenes al corazón, por los libros de entrevistas a Sonia Pérez, a Isaac Chocrón, a Salvador Garmendia, por las páginas culturales de La República, El Nacional y El Diario de Caracas, por el Papel Literario, por las publicaciones que dirigió: El Cohete, Criticarte, Venezuela Oggi, por la columna Parejas, por el programa radial Al pie de la letra; en fin por toda la obra creativa y periodística que Miyó desarrolló y que hoy se nos presenta pionera y paradigmática. Como amigos también tenemos que darle las gracias por su presencia en nuestras vidas, nunca nada fue igual para nadie después de hacerse amigo de Miyó: ella nos contagió de su acercamiento reflexivo y crítico a la vida, de su buscar y enfrentar los por qué, de su combatir cualquier aceptación pasiva y claudicante. quiere que alguien le dé las gracias por todo lo que ha hecho. Es valedero ese reclamo. Creo que llegó la hora de darle las gracias,

Quiero, para terminar, leer un poema de nuestro amigo Alberto Barrera Tyszka. Está dedicado a mí, lo que me enorgullece, y se llama:
Miyó
Que las palabras pierdan su envoltura./ Que todo estalle./ Que cada imagen se abandone/ a una imagen más líquida/ y definitiva/ que sólo existe ya,/ por fin,/ un ángel/ dormido bajo el agua.
(Palabras de presentación por Elisa Maggi, leídas el 8 de julio de 2008, durante el bautizo del libro Miyó Vestrini, Biblioteca Biográfica Venezolana).

jueves, 8 de septiembre de 2011

Mujeres creadoras


OLIVIA LIENDO

Recientemente terminé de leer dos libros sobre mujeres excepcionales, escritos, a su vez, por féminas con voces contundentes: Historias de mujeres de Rosa Montero (Editorial Punto de Lectura) y Miyó Vestrini de Mariela Díaz (BibliotecaBiográfica Venezolana de El Nacional).

Se ha dicho que el avance de los blogs sobre los medios tradicionales de comunicación tiene que ver con el hecho de que los lectores están cansados de las visiones asépticas y “objetivas” de los hechos, mientras que en Internet se escribe desde y por las pasiones. Muchas veces esto es cierto. Estos libros, sin embargo, me conectaron nuevamente con el papel de las mujeres periodistas en la sociedad. Apelando a aquello de que las mujeres tenemos un tipo distinto de sensibilidad, hay quienes no temen exhibirla sin desparpajos en sus creaciones y la capitalizan.

En la deliciosa narración de Montero, periodista y psicóloga con más de tres décadas en El País de España, abundan los adjetivos, partículas verbales consideradas pecados materiales de la academia. No los oculta, e incluso a veces pareciera que los exagera. Luego de una extensa investigación, Montero nos lleva de la mano a través de su propia visión de los hechos y uno, como lector que confía en su criterio, se deja llevar en esa vorágine de relatos en ebullición. Recurre, por ejemplo, a palabras como “majaraderías” cuando describe etapas en la historia de algunos de los personajes que retrata: Agatha Christie, Simona de Beauvoir, Alma Mahler, George Sand, Frida Kahlo. Y nunca esconde su entusiasmo. Dice la escritora: “Si termino aquí y ahora es por cansancio personal y porque llevo demasiado tiempo viviendo con ellas, hasta el punto de haber desarrollado una especie de obsesión patrimonial con mis mujeres que me hace indignante, por ejemplo, si veo una tonta película sobre Agatha Christie en la que Vanesa Redgrave, la actriz que encarna la escritora, dice en una escena que no sabe nadar: con lo bien que nadaba Christie, con lo que le gustaba, pero serán brutos, me digo muy ofendida (…) Haciendo esta serie he advertido con más claridad que nunca que cada vida es una aventura, una desviación de las limitaciones de lo correcto. Quizá sea eso, en definitiva, lo más importante que he aprendido: que la normalidad es lo que no existe”.

El libro sobre Miyó Vestrini, por otra parte, me hizo pensar en por qué los textos periodísticos de la escritora no se leen como cátedra en las escuelas de comunicación. Estoy segura de que aprenderíamos mucho sobre cómo se seduce a un lector, sin ser complacientes con la fuente. Pionera en el periodismo cultural, Vestrini acompañó a Isaac Chocrón por seis meses para escribir Isaac Chocrón frente al espejo, mucho antes de la popularidad de los relatos biográficos. Su voz, su firma, contaba y contó por muchos años en el país. Hizo cosas distintas, probó tonos diferentes, se entregó y se comprometió. Porque el periodismo, como el arte, se origina en el estar comprometidos. Al parecer, Adriano González León, dijo sobre ella: “Hay una mujer, una poeta que tú debes conocer, tiene el frenesí, la pasión, la iracundia y la ternura, una persona en pleno estado de guerra, de protesta, aislada y al mismo tiempo sentimental”. Mientras Luis Alberto Crespo, con quien trabajó en el Papel Literario, le declaró a Mariela: “(Miyó) hizo del periodismo una escarbadura, lo puso patas arriba.

(...) Ella podía incendiar un país con un solo gesto de hipocresía descubierto”. Dice el libro que Vestrini se enfrentaba al periodismo con el mismo arrojo y dedicación que le daba a la poesía. Quizás allí radica el secreto.

(Artículo publicado en el blog En el interín, por Olivia Liendo, en El Nacional, el 26 de agosto de 2008)

miércoles, 6 de julio de 2011

Bocas del Toro: euforia ecológica en el Caribe panameño

Muy cerca de la ciudad de Panamá, este archipiélago emerge de las fauces del Atlántico para ofrecer al viajero el cómodo disfrute de exóticos paisajes

Mariela Díaz Romero

A 300 millas de la Ciudad de Panamá, en el litoral del Atlántico, el archipiélago Bocas del Toro, con 8.475 kilómetros de extensión, se desparrama en medio del océano como si de pronto el dios Baco hubiese decidido verter su cornucopia cargada de jugosas uvas.
Quienes pone un pie en este territorio siente de inmediato la sensación de relax y distendimiento. Aquí la sensación es la de estar en medio de una gran vorágine de naturaleza inexplorada, incontaminada por las formas civilizatorias del hombre.
En esta región reinan los mares tranquilos, con playas de arenas doradas y blancas; grandes áreas selváticas y bosques majestuosos que han servido de refugio para una gran cantidad de aves y mamíferos, así como también a más de 200 especies de peces tropicales, aparte de ser el hogar del manatí.
El archipiélago también está coronado por una impresionante plataforma coralínea, que es sencillamente un paraíso para los amantes del buceo y del snorkeling.

Vestigios en una ciudad de sal y mar. El principal asentamiento poblado de Bocas del Toro, que se denomina de la misma manera que el archipiélago, situado en la Isla de Colón, es una pequeña ciudad con casas construídas a orillas del mar. Están techadas con zinc de colores rojos y negros que le dan un aspecto amigable y festivo.
Sus pobladores, en su mayoría indígenas y afrodescendientes, se dedican a cultivar el banano o a la pesca de mariscos, tortugas, ostiones y almejas, especies que abundan en la zona.
La historia de Bocas del Toro se remonta a inicios del siglo XX, cuando la United Fruit Company realizaba la explotación de bananas y se erigió como dueña de una buena parte de la isla. Aún hoy en día se encuentra en pie parte de la arquitectura que da testimonio de aquellos años. En el viejo edificio administrativo funciona el Hotel Bahía, y en Cayo Solarte se encuentra el centro hospitalario Punta Hospital, construido por la United Fruit Company. El muelle frente al Hotel Bahía era el embarcadero de la empresa, y por los alrededores se encuentran casas que pertenecieron a sus empleados.
Tres divisiones administrativas conforman el archipiélago: Changuinola, Bocas del Toro y Chiriquí Grande.
Para tener una idea de la división territorial de la zona hay que tomar en cuenta que el distrito de Bocas del Toro suma 332 lugares poblados; Chiriquí Grande, 300 poblados y el distrito de Changuinola, 186.
En uno de los extremos se encuentra el punto del archipiélago más cercano a tierra firme: Boca del Drago. El viajero podrá deleitarse con pequeñas playas de arenas blancas y senderos arbolados. Enfrente, en pleno mar abierto, vale la pena llegar a Cayo Cisne, también conocido como Isla de los Pájaros: meca de observadores de aves donde se avizora el Rabijunco Piquirrojo, una rareza del reino animal.
En la carretera que conduce a Boca del Drago es posible visitar una caverna de murciélagos, pero si no le atraen estos mamíferos siga hasta Colonia Santeña, donde se han asentado pequeños ganaderos y se construyó la Gruta de la Virgen.
En esta misma zona, se recomienda no dejar de asolearse en playa Bluff, que con sus arenas doradas y sus fuertes olas es un paraíso para los surfistas. A sus orillas llegan también las tortugas para anidar.
Mimitimbi y Big Baight son dos bosques en los que habitan osos perezosos, monos, conejos e iguanas, lo que podría agregar más adrenalina a esta diversión que no es exclusivamente marina.
Dada su riqueza paisajística y su diversidad de flora y fauna, el gobierno panameño fundó en esta región el primer parque nacional marino llamado Isla Bastimentos, con más de 13.000 hectáreas. Está conformado por los bosques de la isla homónima, los cayos Zapatillas y las islas de manglar al sur de Bastimentos, además de Playa Larga, al norte.
Si bien Playa Larga se caracteriza por su paisaje de naturaleza virgen, adonde llegan a anidar también las tortugas entre abril y octubre, Cayos Zapatillas es un oasis de tranquilidad.
Al interior de Isla Bastimentos se puede hacer una caminata y visitar una laguna de agua dulce, o pasear en bote por los manglares. También aquí habita la comunidad indígena de los guaymí. Uno de los imperdibles de Isla Bastimentos es playa Rana Roja, la única en el mundo donde vive este animalito de color rojo escarlata con manchas negras, que con su canto
llama a las personas que caminan en el bosque tropical lluvioso.
A unos 300 metros del cayo mayor de las islas Zapatillas se consiguen las mejores formaciones coralíneas, en una zona llamada Islas del Coral. A una profundidad máxima de 6 metros, los amantes del buceo y del snorkeling encontrarán vistas submarinas de ensueño, así como se toparán con ejemplares como pargos, peces ángel, meros, peces loros, peces mariposa, cangrejos, morenas y langostas, entre otras especies.
En Cayo San Cristóbal, otro de los islotes de Bocas del Toro, se encuentra el Faro de San Cristóbal. Debe su nombre a una enorme boya luminosa que ilumina la travesía de los barcos que transitan esta parte del Atlántico. Muy cerca, Bocatorito, laberinto de manglares, seduce al viajero con su belleza y la posibilidad de avistar delfines.
La gran cantidad de ecosistemas que confluyen en Bocas del Toro sugiere la riqueza de su diversidad. Desde los manglares, los arrecifes de coral, la pradera de hierbas marinas hasta los pantanos, ríos, lagunas y bosques garantizan al viajero un encuentro pleno con la naturaleza insólita del Caribe panameño.

RECUADRO
Cómo llegar
Más información: http://www.flyairpanama.com.
Desde Ciudad de Panamá o David, vía carretera, se llega al puerto de Chiriquí Grande, y desde allí salen taxis acuáticos o ferrys hasta Bocas del Toro.

Gastronomía bocatoreña
Degustar los platos típicos de esta zona es acercarse al corazón de su gente. No deje de probar el bacalao con akke, el arroz con coco, el pescado relleno o un suculento caldo llamado fufu. También son favoritas las Patty, empanadas asadas de carne molida; el Plantin tat, de plátano maduro, y las torrejitas de bacalao. Como postre mandan los dulces de yuca, el “pie” de piña o de pasas y los helados caseros.

Mayor información:
http://www.bocas.com
http://www.deviajes.es/rutas/BOCAS_DEL_TORO_1.html
http://www.panamainfo.com

Literatura venezolana de exportación




Los escritores nacionales están de buenas, muchos de ellos han logrado el éxito al conseguir nuevos lectores, publicar en prestigiosas editoriales y estar hoy en día expandiendo su área de acción al circuito internacional


Mariela Díaz Romero

Es posible afirmar que los escritores venezolanos están teniendo éxito; han tenido la fortuna de ver sus libros publicados en editoriales extranjeras de renombre internacional que tienen sucursales en buena parte de América Latina y en particular en Venezuela. Alfaguara, Alfa Editorial, Páginas de Espuma, Periferica o Lengua de Trapo han incorporado a su catálogo de autores a escritores venezolanos de recientes generaciones. Además de los ya renombrados, como Eugenio Montejo, Rómulo Gallegos o Rafael Cadenas, los más jóvenes han recibido un impulso realmente beneficioso, porque se han acercado a un público que, de otra manera, no los habría conocido.

He aquí la opinión de tres escritores venezolanos contemporáneos, que han tenido éxito porque sus libros han sido promocionados dentro y fuera del país, con lo que han cautivado a la crítica especializada y a los lectores.

Centeno: lectores dilatados

Israel Centeno es autor de diversas obras de ficción, algunas de las más conocidas son Calletania, reeditada en 2008 por la española Periferica; al igual que Hilo de Cometa e Iniciaciones. El libro más reciente de Centeno, Bajo las Hojas, editada por Alfaguara, fue finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos.

Periferica se ha propuesto reeditar la obra de Centeno ya aparecida en Venezuela. El autor es considerado por esta casa editorial como “uno de los autores más seguidos y respetados de Latinoamérica”. Sin embargo, parece que a Centeno no se le suben los humos a la cabeza, si bien otorga gran peso a contar con una amplia lectoría expresa: “Cada autor responde al interés lector de la veta estética –formal– que trabaja”.

Muchas veces ganar seguidores no es cuestión de números, sino de la calidad de una obra que se va haciendo más universal, y se adueña de un puño de lectores que si bien pueden ser pocos, “se han dilatado en otros paisajes”, explicó Centeno.

Al estar inmersos en otros entornos –señala el autor–, tendrán una visión “del artefacto literario y de la historia que has contado, matizada por una perspectiva cultural diferente”.

Este escritor considera que cualquiera autor desea tener una amplia lectoría, “pero cada quién debería estar consciente cuán amplia puede llegar a ser”, eso dependerá de lo que se haya propuesto con su proyecto expresivo. A su juicio ganar lectores “va a depender, más allá del aspecto promocional, de la exigencia de la estética, de la voz y de las estructuras formales donde se planteen las historias contadas”.

Méndez: ganando lo desconocido

Juan Carlos Méndez Guédez nació en Barquisimeto en 1967; desde hace más de una década se residenció en España, donde obtuvo un doctorado en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca. Ha escrito cerca de 10 novelas, algunas de ellas son Tal vez la lluvia; Hasta luego, míster Salinger, Una tarde con campanas (2004). El libro de Esther es uno de los libros más conocidos de Méndez Guédez. Fue publicado por primera vez en 1999 por la editorial madrileña Lengua de Trapo.

Este año la visita de Juan Carlos Méndez Guédez a Caracas con motivo de la reedición de El libro de Esther a cargo de la cooperativa editorial Lugar Común, del sello R.E.Lectura, fue un acontecimiento cultural reseñado ampliamente en las páginas culturales de los periódicos del país.

Es considerado una de las voces narrativas más auténticas de las jóvenes generaciones de escritores venezolanos que ha alcanzado notoriedad allende las fronteras. A su juicio haber publicado fuera de Venezuela lo ha hecho ganar lectores “que nunca habría tenido”. Afirma que muchos de esos españoles que se han paseado por sus novelas probablemente jamás habrían tenido la oportunidad de hacerlo. Asimismo, considera que buena parte de la investigación literaria que se hace sobre su narrativa (en países como Bélgica, Italia, Suiza, Estados Unidos, Francia, Croacia y en la propia España) quizás no habría sido posible si sus títulos no estuviesen en un catálogo ibérico.

Sobre la importancia que puede tener para un escritor gozar de una amplia lectoría, opina: “Supongo que debe ser maravilloso tener muchos lectores. Millones de ellos. Como no he llegado a ese punto, los que tengo los cuido de la mejor manera que sé: escribiendo los libros que llevo dentro y que tienen mis más hondas torpezas y perplejidades”.

A pesar de su notoriedad, Juan Carlos Méndez Guédez habla de sus logros con naturalidad y sin engreimientos. Refiere que ganar lectores –medida del éxito- depende de la honestidad y la coherencia con la que el escritor asume su oficio. “El escritor escribe su obra con la mayor dedicación posible y procura que cada libro sea exactamente el libro que él desea escribir. Eso va configurando un ambiente favorable para que en cada publicación sus lectores de siempre continúen siguiéndolo. Y para que estos mismos lectores sean capaces de atraer a otros”.

Chirinos: la fuerza de los esfuerzos individuales

Juan Carlos Chirinos es oriundo de Valera, estado Trujillo, nació en el 67, y es autor de varios libros de relatos como Leerse los gatos y Homero haciendo zapping. Su ópera prima, El niño malo cuenta hasta cien y se retira, fue editada por la editorial madrileña Escalera, en 2010; cuenta con una versión Ebook. Para la editorial colombiana Norma ha escrito varios libros que han conjugado la ficción con la investigación histórica, como Miranda un nómada sentimental, Cartas probables para Hann y El vivo anhelo de conocer. Los dos primeros trabajos están agotados y el último mencionado es según Norma uno de los “más vendidos”.

Juan Carlos Chirinos aprecia el tema desde una óptica un poco más política, según la cual las dificultades que puede encontrar un escritor venezolano en difundir su obra fuera del país tienen que ver más con una ausencia de políticas culturales del Estado para impulsar la creación de sus jóvenes talentos.

Si bien es cierto –explica Chirinos– que muchos escritores venezolanos han logrado llamar la atención de lectores y de editores se debe en muchos casos a esfuerzos individuales que al concierto de un Estado, enfocado en promocionar y difundir a sus escritores.

“Si el estado venezolano otorgara ayudas a las editoriales extrajeras para publicar y traducir su literatura, seguramente aparecerían más editoriales interesadas en publicar libros de venezolanos. Porque está sobradamente probado que la literatura venezolana gusta en el extranjero”. Y en este particular, Chirinos menciona a autores como José Balza, Alberto Barrera Tyszka y Rafael Cadenas, entre otros, que sí viven en Venezuela y pertenecen a una generación anterior a la suya, y que gozan del respeto de lectores y editoriales. Considera que “los venezolanos son altamente apreciados por la crítica; solo falta que las editoriales encuentren el lado ‘comercial’ del producto, para que los lectores tengan fácil acceso a él y puedan comparar y juzgar”.

Marcalibros

-Si no consigue los libros de estos autores en los anaqueles de las librerías venezolanas, a través de librerías on line es posible encontrar la mayoría de los trabajos de estos autores. Visite www.casadellibro.com, www.fnac.es y www.norma.com.

(Artículo publicado en Aserca Report 26 y SBA Report 16).

lunes, 30 de mayo de 2011

La metáfora de la Mannschaft


La inyección de aires nuevos en la selección nacional de fútbol de Alemania le ha hecho ganar un nuevo lugar en el mundo del deporte. El cambio, tangible y a la vista, que la Mannschaft ha demostrado en el campo de juego ha sido una novedad de la que no pocos se preguntan cómo sucedió. Y es que detrás del alto desempeño de este equipo que cuenta con el respeto de muchos, existen algunos secretos que vale la pena descubrir

MARIELA DIAZ ROMERO

Muchos consideran que la fórmula del cambio en la Mannschaft tiene nombre: el sistema Joachin Löw. Con 49 años de edad, el seleccionador del equipo alemán no ha vacilado en llevar adelante las decisiones arriesgadas que ha tomado. Junto a Jürgen Klinsmann, es el responsable de introducir nuevas ideas en la forma de hacer el “trabajo”, lo cual implica jugar no sólo con los pies detrás del balón sino con estrategias y conceptos; he allí porque se ha empeñado en dar a sus atletas herramientas de motivación, inyectarles —tanto a ellos como al equipo técnico— ideas positivas, así como también renovar una plantilla con inexpertos pero noveles promesas.

Quizás todo esto hubiera sido inaceptable dentro de una selección en la que predominaba las ideas del viejo káiser Franz Beckenbauer y que heredó Rudi Voller.

El debut de la eficacia del sistema Löw, antes que en Suráfrica 2010, se probó en el Campeonato Europeo, celebrado en el año 2008, en Alemania. Muchos seguidores sintieron un renacer de las esperanzas con el triunfo del equipo, que resurgía de sucesivas derrotas. Aquel fue un sommermarchen (verano fabuloso), que contagió a toda la nación teutona de un frenesí que parecía inexplicable.

Fue de tal magnitud el entusiasmo que esta estela de renovación dejó que todo el país se sensibilizó para dar apoyo al equipo; tanto los fanáticos tradicionales y consuetudinarios como la gente que no veía mayor interés por el fútbol sintieron la necesidad de apoyar a este equipo que les devolvía la fe en Alemania. Por las calles portaban el estandarte amarillo, rojo y negro en señal de victoria. Un gesto que antes de la reunificación alemana sólo podía ser considerado como una oda al nazismo. Ahora por obra y gracia del fútbol era un orgullo ser alemán. El segundo puesto había que celebrarlo en grande.

Llegó el momento de Suráfrica 2010 y fue la oportunidad para dar a conocer los resultados del llamado konzeptfussball (fútbol de planes y conceptos). Se dejaban atrás las demostraciones de fuerza o simplemente la belleza de movimientos sobre el césped. Este nuevo desempeño se fundamentaba en un sistema que complementa estrategia, táctica, desarrollo de jóvenes talentos y juego de mayor velocidad sobre una cadena de cuatro retadores con un delantero eficaz.

Implantar la novedad ha tenido algunos costes para el reservado Joachim Löw, sobre el que pesaban muchas dudas acerca de su capacidad técnica para llevar adelante todo lo que se proponía.

La prensa alemana no dudó en atacarlo ferozmente varias veces cuando él actuaba implacablemente al eliminar a algún jugador que no podía adaptarse a su estilo. Quizás no lo ayudaba el hecho de que él nunca fue un jugador excepcionalmente destacado. Sin embargo, supo inocular el germen del cambio en el seno de la Mannschaft al mantener una línea constante dentro de las modificaciones que iba introduciendo, que además fueron paulatinas, una detrás de otra, paso a paso, avanzando con calma, paciencia, seguridad y preparando sistemáticamente a todos y cada uno de los actores involucrados en esta empresa, a la que solamente permitió sumarse a aquellos que llevan el fútbol como una pasión dentro de sí.

Del error al ensayo

Quien ha conocido a Joachim Löw de cerca destaca en este apasionado del fútbol un hermetismo que incomoda a muchos. Quisieran ver en él quizás a un héroe, a un redentor. Pero nada más lejos de su personalidad. Löw no hace alarde de lo que hace, sólo lo hace. Hubo quien quiso ridiculizarlo al captar el momento cuando se hurgaba la nariz en uno de los partidos en la pasada contienda surafricana. El video lo colgaron en Youtube, pero más allá de eso no pudieron ver que a Jogi poco le importa el brillo mediático, él es sólo un muchacho de la selva negra, al sur de Alemania, donde nació, creció y vive con su esposa, cerca de Freiburg.

Lo agarraron eso sí desprevenido, porque el liderazgo que ejerce Joachim Löw no se basa en mostrar las luces del traje de vedette, sino en estar al frente de un equipo que se empeña en jugar para “todos”, sin que destaque uno de ellos como estrella. Parecerá obvio, pero no lo es. Una de las premisas de Löw es que predomine la idea de un trabajo en colectivo, aquí no existen superhéroes, sino diversas fortalezas que se complementan bajo una visión que las unifica.

Saber adónde se va y cómo se llega ahí. Plantearse una meta, cuyo alcance no es una utopía. Pero la consecución del éxito no se basa en la temible regla de la jungla: no importa el medio ni el cómo sino el fin. La arquería. Para Löw es importante desarrollar una ética del juego: respetarse en la diversidad, no olvidar considerar al otro, tanto al compañero como al adversario; después de tomar una decisión llevarla a cabo sin doblegarse, pero siendo capaces de tener la flexibilidad de reconocer los fracasos. Reconocerlos para enfocar en el próximo juego la meta y el éxito. Y todo ello respaldado por un equipo técnico de profesionales, en el que el componente sicológico más que una herramienta de asistencia es un proceso de aprendizaje.

Conocerse a sí mismo para entender cómo se debe jugar. Sólo una personalidad en la que no predomina el narcisismo habría sido capaz de implementar cambios de envergadura en un equipo de alta competitividad, en el que no sólo está en riesgo la mera posibilidad de ganar una copa o un trofeo sino también miles de millones de euros.

A pesar de su talante cerrado, es decir, ser de pocas palabras, Löw no desconoce la fuerza de comunicar y escuchar. El le imprimió al equipo esa capacidad para sacar de cada uno lo mejor que podía dar. Esto sólo él podía saberlo observándolos, confiando en la capacidad de estos muchachos, cuya edad en la cancha no sobrepasa los 25 años. Sin embargo, la poca experiencia era a la vez una ventaja para ser permeables a las nuevas ideas para adaptarse al cambio.

Seguridad y temple para llevar a cabo las transformaciones no faltaron en Löw, que no confundió disciplina y firmeza con forcéps inesperados. Su experiencia fuera de la cancha, como seleccionador, se afinó motivando a un equipo al que había que imprimir el gusto por el riesgo de hacer nuevas experiencias con la suficiente entereza para saber que a pesar del empeño existe la posibilidad de perder. Pero ello es lo que abona el terreno del aprendizaje y de la necesidad de ser mejores.

Metamorfosis

Acercar la lupa a la transformación que sufrió la Mannschasft nos invita a pensar en la transformación personal y colectiva. Este cambio es un eco que resuena, y sus ondas se esparcen y estimulan el pensamiento que insiste en una posible metamorfosis individual y colectiva.

Quizás en algún momento, para los venezolanos, ha sido más que un sueño, una fantasía, la idea de cambiar el país en el que vivimos, de transformar la sociedad en la que coexistimos. Hoy, habita un malestar en nuestra cultura que se expresa a través de una violencia desmedida, escaso crecimiento económico, condiciones paupérrimas que se acentúan, una diáspora de gente joven y con talento, que nos obliga a transmutar el sueño de cambio por una necesidad real. Urgente y real.

Aunque tomar el cambio del equipo alemán como una metáfora para pensarnos a nosotros mismos pudiera resultar para algunos una operación simplista, recordemos aquí la frase del psicoanalista junguiano Rafael López Pedraza, autor de numerosa literatura sobre psicología de los arquetipos: “Lo que más mueve la psique son las metáforas. Ellas evitan la parálisis y la rigidez que ocasiona la identificación con algún complejo inconsciente”.

Pensarse pasa por el autorreconocimiento de nuestras miserias y responsabilidades. Por allí habría que iniciar cualquier tarea de transformación. Aunque ninguna metáfora pueda explicar del todo la multicausalidad del malestar que existe en el país, reconocer que en ese malestar todos tenemos participación y responsabilidad es el primer paso.

Reconocernos como una sociedad en la que por mucho tiempo la moneda de intercambio relacional ha sido la depredación y la falta de reconocimiento del otro. Nuevas formas de violencia, y cada vez más crueles, son las que predominan cuando se hace necesario dirimir un conflicto. La palabra como recurso de intercambio simbólico, al decir de los psicoanalistas, ha sido desplazada como forma de comunicación. Vivimos en una sociedad donde disentir y ejercer un pensamiento crítico son actividades sospechosas que deben ser perseguidas, señaladas y enjuiciadas.

Si recurrimos al psicoanálisis como herramienta para vislumbrar algunas respuestas, nos damos de bruces con realidades contundentes. Nos explica Adrián Liberman, psicoanalista radicado en Caracas, miembro de la Sociedad Venezolana de Psicoanálisis, que muchas de las situaciones de deterioro social que hoy padecemos los venezolanos son situaciones que se han incubado en el seno de nosotros mismos, mucho antes de 1999. La dificultad de reconocimiento del otro, la desconsideración en el venezolano —apunta Liberman— no es invención de un gobierno de turno.

Dice Liberman: “La primera tarea es asumir que todos construimos este presente, unos por acción deliberada, otros porque abandonaron la polis, la plaza pública, creyendo que lo público no les concernía, que eso era un asunto de los políticos; entonces encontramos a alguien que nos relevó de pensar en lo colectivo y cada quien compró esa oferta de diversas maneras, esto lo construimos todos, teníamos cada cual razones distintas para construirlo”.

Nuestros complejos problemas se han enquistado entre nosotros como síntomas: manifestaciones de nuestra conducta que padecemos, que nos causan sufrimiento pero que a la vez significan un triunfo porque es la mejor manera que se ha conseguido para lidiar con los conflictos.

Elegimos un gobernante —antes que a un estadista— que ha hecho las funciones de padre autoritario, al que como ciudadanos cedimos el poder de construir nuestra ciudadanía; le cedimos el poder para decidir por nosotros. Y ahora recuperar ese poder implica un padecimiento que aún no sabemos cómo superar. Para reivindicar las injusticias que hemos padecido históricamente compramos la idea del vengador —observa Liberman— y desdeñamos la posibilidad de tener un líder. Una confusión que nos ha costado caro. Confundimos épica con ética. Y ante la ausencia de la segunda optamos por potenciar la primera.

“La épica seduce más que la ética, la idea de que somos los herederos de Simón Bolívar es más atractivo que la idea de que nos hace falta una ética, es decir, una ley, un ordenamiento. Un padre que sea la ley, no un padre que sólo libra grandes batallas. No hay ética pero sí hay épica, conmemoramos y celebramos las batallas, los desfiles son muy vistosos y nos compramos armas, pero lo que necesitamos es realmente una ética, imponer la ley que es distinto de la autoridad”, considera Liberman.

La exacerbada devoción por las figuras heroícas, que de alguna manera es reforzada por la retórica gubernamental, eclipsa nuevas maneras de hacer, de vindicar, de pensarnos a nosotros mismos como individuos. Así, sufrimos la condena de estar a la sombra de una trayectoria heroica. López Pedraza explica: “No hay duda de que en Latinoamérica existe un fuerte inconsciente colectivo en el que la devoción por los héroes independentistas ocupa un lugar central. Se ha señalado que esa devoción evidencia que no tenemos ningún otro asidero cultural”.

Hundimiento y reconocimiento

Hacer duelo es parte del cambio, significa reconocer nuestra responsabilidad, nuestros errores, nuestras malas decisiones. Todo aquello que hemos dejado de encarar, que hemos dejado al azar. Como la creencia de que en nuestras pequeñas vidas individuales no había espacio para pensar el colectivo como una prolongación de lo que íntimamente somos. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocernos? Porque reconocer el error implica asumir una pérdida por todo aquello que pudimos ser y no supimos cómo.

“Creo que nos toca hacer duelo por las malas decisiones tomadas, por todo lo que nos hemos equivocado, lo que hemos perdido; si no lo hacemos, si no le damos un peso emocional importante, el día de mañana vamos a caer en lo mismo. Los seres humanos tienen una compulsión a la repetición. Esto a veces está reñido con la lógica. Uno de los aportes del psicoanálisis es que la lógica no es la dueña de la casa. Si no hacemos un verdadero duelo con respecto a lo que nos hemos equivocado, a la forma como hemos construido nuestra cultura, no tendremos la posibilidad de construir otra cosa; no es algo liviano, no es algo alegre, tenemos mucho por lo cual entristecernos y dolernos”, advierte Liberman.

El gran desafío implícito en cualquier transformación tanto individual como colectiva pasa por entender, quizás, de forma precaria, que quien se propone cambiar lleva dentro de sí el poder volitivo, pero también lleva dentro de sí las razones para no hacerlo.

¿Cómo Liberman nos explica la contradicción? “Así también sucede en el psicoanálisis. Se trata de una terapia larga porque quien llega con el deseo de cambiar también llega con el deseo de no cambiar. Como colectivo estamos ante la tentación de no cambiar, tenemos razones para no hacerlo”. Seguramente porque cediendo el poder de nuestras decisiones a un padre autoritario es posible lograr la supervivencia.

Todo cambio lleva implícito el riesgo de no poder ser llevado a cabo. Pero las metáforas están allí para movilizar la esperanza de que sí es posible hacerlo, sobre todo, cuando viejas estructuras logran ser desplazadas con mucho esfuerzo, planificación, estrategias y tácticas, capaces de movilizar a una nación entera. Pero también gracias a fuerzas creadoras que sólo surgen cuando nos percatamos de que reposan dentro de nosotros mismos.